Llámenos: +34 822 600 026

    Usted está aquí

Huella de Carbono


La huella de carbono la podemos definir como “la totalidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por efecto directo o indirecto por un individuo, organización, evento o producto”.

Estas emisiones causan un efecto directo sobre el medioambiente, participando en el fenómeno de cambio climático que se está produciendo de forma acelerada en nuestro planeta. En aras de disminuir el impacto ambiental, se ha establecido un modelo de cálculo de la huella de carbono, donde cada entidad puede conocer el impacto que ejerce en esta emisión de GEI.

Existen dos tipos de alcance, Alcance 1+2 y Alcance 3. El primero se refiere a aquellas emisiones de las que es responsable la empresa en primera instancia. El Alcance 3, sin embargo, va un paso más allá, cuantificando toda la cadena de valores y aquellos procesos que no dependen de la propia actividad de la entidad.

Este cálculo de la huella de carbono también se ha implementado en Planes de Ordenación y Planes Especiales. Si atendemos a lo que se recoge en la Ley 21/2013, de 9 de diciembre, de evaluación ambiental, se específica que dentro del contenido mínimo del Estudio Ambiental Estratégico debe haber una valoración de los probables efectos significativos, con una estimación de la huella de carbono asociada. En este caso, es esencial realizar el Alcance 3 de la huella de carbono, ya que toda la cadena de valores previa al proyecto puede aumentar de forma sustancial la emisión de GEI.

Para el cálculo, el protocolo más utilizado actualmente a escala internacional es el Greenhouse Gas Protocol Corporate Standard, aunque existen muchas otras recomendaciones. Todas ellas están basadas en los principios de relevancia, integridad, consistencia, exactitud y transparencia.

Para comprender un poco más el proceso relacionado con la huella de carbono podemos distinguir tres etapas esenciales:

- Una primera etapa de cálculo, en la que se realiza una recopilación de todas aquellas fuentes de emisión de GEI, tanto directas como indirectas, definiendo su alcance. Una vez establecidos los datos de la actividad por parte de la empresa, estos se computan con sus correspondientes factores de emisión, establecidos por el Ministerio de Transición Ecológica. De esta primera fase se obtiene una cantidad determinada de CO2 equivalente.

- A raíz de los resultados anteriores nos encontramos con una segunda fase, en la que nos será posible localizar aquellas áreas de la empresa más contaminantes y establecer un plan de reducción. Este plan, además de reducir la huella de carbono, conlleva una mejora de la eficiencia energética, con un consecuente ahorro en los costes.

- La tercera fase consistirá en la compensación. No debemos olvidar que el cálculo de la huella de carbono conlleva un compromiso hacia nuestro planeta. Por ello, se ofrece un amplio catálogo de proyectos de reforestación, que ayuden a la absorción de CO2 atmosférico, en los que la entidad podrá invertir en aras de compensar las emisiones producidas.

Todo este proceso llevará a la adquisición, por parte de la organización, de una certificación en forma de sello homologado por el Ministerio para la Transición Ecológica, que reflejará el compromiso medioambiental de la entidad y su lucha ante el cambio climático. Con un mínimo de gasto, esta tendencia en auge, supondrá pertenecer a un pionero grupo de empresas que ya adoptan medidas relacionadas, satisfaciendo la creciente demanda de consumidores ecointeligentes.

Gracias a este proceso, podemos aumentar la eficiencia de los proyectos, reducir costes y aumentar la sostenibilidad, reduciendo al mínimo el impacto medioambiental derivado de nuestras actividades.

Daida C. Almeida Navarro
Bióloga